Cuando llega el invierno solemos pensar en proteger la piel del rostro o las manos del frío, pero hay otras zonas especialmente sensibles que muchas veces pasan desapercibidas: las mucosas. Labios agrietados, sequedad nasal, pequeñas heridas o escozor en los ojos son molestias muy habituales en esta época del año y, aunque suelen parecer menores, pueden afectar notablemente a nuestro bienestar diario.
El frío, el viento y, sobre todo, el uso continuado de calefacción crean un ambiente seco que altera la hidratación natural de estas zonas. A esto se suman otros factores propios del invierno, como pasar más tiempo en espacios cerrados, el uso intensivo de pantallas o una menor ingesta de agua. El resultado es una sensación constante de tirantez, irritación o incomodidad que conviene prevenir antes de que se cronifique.
La piel de los labios es mucho más fina que la del resto del cuerpo y apenas tiene glándulas sebáceas, por lo que pierde agua con facilidad. En invierno, el frío y el viento aceleran esta deshidratación, provocando grietas, descamación e incluso pequeñas heridas dolorosas.
Un error común es humedecerlos con la lengua para aliviar la sequedad. Lejos de ayudar, la saliva evapora rápidamente y empeora la sensación de labios agrietados. La clave está en la prevención: usar un bálsamo labial de forma regular, incluso cuando aún no hay molestias, y reaplicarlo varias veces al día, especialmente antes de salir al exterior. Conviene elegir fórmulas que hidraten y reparen, evitando productos con perfumes o aromas intensos si los labios están sensibles.
La sequedad nasal es otro problema frecuente en invierno, tanto en personas resfriadas como en quienes pasan muchas horas en ambientes calefactados. Puede manifestarse como picor, sensación de tirantez, pequeñas costras o incluso sangrados nasales leves.
Las mucosas de la nariz cumplen una función esencial: humidificar y filtrar el aire que respiramos. Cuando se resecan, pierden eficacia y se vuelven más vulnerables a irritaciones e infecciones. Para cuidarlas, es recomendable mantener una buena hidratación general y utilizar soluciones salinas o sprays nasales hidratantes que ayuden a mantener la mucosa húmeda sin alterar su función natural. En casos de sequedad intensa, existen pomadas específicas que favorecen la reparación.
En invierno, los ojos también sufren. El aire seco, los cambios bruscos de temperatura al entrar y salir de espacios cerrados y el uso prolongado de pantallas pueden provocar sequedad ocular, enrojecimiento, sensación de arenilla o fatiga visual.
Parpadear menos cuando miramos pantallas empeora este problema, ya que se reduce la lubricación natural del ojo. Para prevenirlo, es importante hacer descansos visuales, parpadear de forma consciente y, si es necesario, recurrir a lágrimas artificiales que ayuden a mantener el ojo hidratado. Elegir el tipo adecuado depende de la frecuencia de uso y de si se llevan lentillas, algo que conviene consultar en la farmacia.
Cuidar las mucosas en invierno no requiere grandes cambios, sino constancia en pequeños hábitos: beber suficiente agua, evitar ambientes excesivamente secos, usar humidificadores si es necesario y proteger estas zonas antes de que aparezcan las molestias.
Desde Farmacia 25, podemos asesorar sobre los productos más adecuados para cada caso y ayudar a prevenir problemas que, aunque comunes, no deberían normalizarse. Porque en invierno no solo la piel necesita atención: labios, nariz y ojos también agradecen un cuidado extra.