Si pasas unos minutos en redes sociales, seguro que te has cruzado con rutinas de skincare de diez pasos, estanterías llenas de productos y nombres imposibles de pronunciar. La cosmética se ha convertido en tendencia, y cuidarse la piel parece casi una obligación diaria. Pero ante tanta información (y desinformación), es normal preguntarse: ¿realmente necesito todo esto para cuidar mi piel?
La respuesta corta es tranquilizadora: no. Cuidar la piel no debería ser complicado ni generar estrés. De hecho, una rutina sencilla, bien hecha y constante es mucho más eficaz que acumular productos sin saber muy bien para qué sirven.
Es positivo que cada vez hablemos más de salud de la piel y prevención. El problema aparece cuando intentamos copiar rutinas que no están pensadas para nosotros. Cada piel es diferente, y lo que funciona para una persona puede no funcionar (o incluso empeorar) la piel de otra.
Además, usar demasiados productos a la vez puede:
Irritar la piel
Dañar la barrera cutánea
Provocar brotes o sensibilidad
Hacerte abandonar la rutina por falta de tiempo o constancia
Por eso, si estás empezando, lo más sensato es volver a lo básico y construir una rutina con lógica.
No necesitas un diagnóstico complejo, pero sí una orientación general:
Piel seca: tirantez, sensación áspera, descamación.
Piel grasa: brillo, poros visibles, tendencia a granitos.
Piel mixta: zona T grasa y mejillas normales o secas.
Piel sensible: se enrojece, pica o reacciona con facilidad.
Conocer tu tipo de piel te ayudará a elegir productos adecuados y evitar errores comunes. Ante la duda, el consejo farmacéutico es clave.
La limpieza es el pilar de cualquier rutina facial. Sirve para eliminar suciedad, sudor, contaminación y restos de maquillaje.
Por la mañana, prepara la piel para el día.
Por la noche, permite que la piel se regenere mientras descansas.
Elige un limpiador suave, específico para tu tipo de piel. No debe dejar sensación de tirantez ni “chirriar” al aclarar. Usa agua tibia y seca el rostro con pequeños toques, sin frotar.
Uno de los grandes mitos es que la piel grasa no necesita crema. Todas las pieles necesitan hidratación, incluso las grasas o con acné.
La hidratación ayuda a:
Mantener la barrera protectora de la piel
Prevenir irritaciones y deshidratación
Mejorar la textura y el aspecto del rostro
La clave está en elegir la textura adecuada: ligera para pieles grasas y más nutritiva para pieles secas.
Si hay un producto que nunca debería faltar, es el protector solar. El sol es el principal responsable del envejecimiento prematuro, las manchas y muchos problemas cutáneos.
Aplica cada mañana un protector solar facial de amplio espectro (SPF 30 o superior), incluso en días nublados o en invierno. Es el mejor gesto antiedad que existe.
Para empezar, solo necesitas tres pasos:
Limpieza
Hidratación
Protección solar (por la mañana)
La constancia es mucho más importante que la cantidad de productos. Con el tiempo, y según las necesidades de tu piel, podrás incorporar otros cuidados de forma progresiva y siempre con criterio.
Cuidar la piel no va de seguir modas, sino de entender qué necesita tu piel y cuidarla con sentido común. Y recuerda: en la farmacia encontrarás asesoramiento profesional para ayudarte a elegir lo que realmente te conviene.